
Irma Othar fue militante comunista, activista sindical, dirigente del movimiento de mujeres, concejal y diputada en una convención constituyente. En su trayectoria de lucha tuvo lugar para la reflexión, fue autora de más de una decena de libros.
Del empleo doméstico a la fábrica.
Nació en Tres Arroyos, en la Provincia de Buenos Aires, el 16 de julio de 1925. Su padre era panadero; su madre, ama de casa. Los hijos del matrimonio sumaban 14. Tuvo que dejar la escuela primaria en cuarto grado para empezar a trabajar. A los trece años fue “colocada” como empleada doméstica. Un destino habitual para adolescentes pobres sin posibilidades de trabajo en otro ramo.
Eran épocas en que las trabajadoras domésticas sufrían condiciones de explotación y sometimiento. No tenían ningún día libre en la semana. No era raro que experimentaran acosos o abusos sexuales, Irma padeció alguna experiencia de ese tipo.
No había cumplido la mayoría de edad cuando, a instancias de una hermana y su cuñado, este último militante del partido comunista, comenzó con la organización de un sindicato del servicio doméstico. Era 1943 y según ella misma tuvo influencia que desde la flamante secretaría de trabajo y previsión se favorecía la organización sindical. Fu secretaria general del sindicato.
Un tiempo después, en una gira por la provincia de Buenos Aires la ya dirigente comunista Alcira de la Peña la conoció y apreció sus condiciones para la organización y la lucha. Le ofreció trasladarse al Gran Buenos Aires y que comenzase a trabajar en el frigorífico “La Negra”, de Avellaneda.
Logró la autorización de su familia para el viaje a la capital y se incorporó al personal del establecimiento. Trabajaría y activaría allí durante años. Fue delegada, dirigió la célula comunista, publicó y difundió un periódico de fábrica.
Consideró que ese tramo de su vida la marcó para siempre. Según sus propias declaraciones:
“La experiencia que yo hice en el frigorífico fue extraordinaria, la llevo grabada en mí como una de las experiencias más ricas de mi vida, porque allí pude comprobar la importancia que podía adquirir la clase obrera en las decisiones del país.
Su definición como obrera y comunista constituyó su identificación desde entonces. A la actuación política y gremial derivada de esa condición se agregó el cargo de secretaria general para la provincia de Buenos Aires de la Asociación de Mujeres de la Argentina (UMA). Desde esa agrupación las comunistas buscaban constituir un movimiento femenino de masas.
Mientras tanto en la fábrica abogaba por los derechos de las mujeres trabajadoras. Un problema importante era el de la desigualdad salarial, desatendida por los propios sindicatos.
La militante sindical escribía con frecuencia en la prensa comunista. Su tema principal era la defensa de las mujeres y su articulación con la visión antiimperialista. Ocupaba así un lugar destacado como representante obrera ante el conjunto de los lectores de la prensa.
Desde el gobierno peronista la persecución era la respuesta a la prédica comunista y a las organizaciones que ellos dirigían. No se quería que hubiera otras corrientes dentro del movimiento obrero.
Candidata.
Othar fue postulante a vicegobernadora de la provincia de Buenos Aires en las elecciones de 1951. El candidato a la gobernación era José Peter, del gremio de la carne como Irma. Parece transparente el propósito de dar un fuerte contenido proletario a la fórmula, una forma de competir con el peronismo.
El criterio de colocar a una mujer después de un varón en las principales candidaturas se repetía en las listas del PC de esa época. Un lugar de singular relieve para las mujeres, si se compara con los hábitos sexistas de la política de la época.
Así era que esa fórmula bonaerense se estructuraba en torno tanto de una perspectiva de clase como de género. En esas elecciones las mujeres votaban por primera vez, por lo que había una necesidad de interpelación hacia el sufragio femenino.
Su despido del frigorífico en 1954, en lo que intervino una venganza de la dirigencia sindical peronista, derivó en que dejara el trabajo en un lugar de producción. Pasó a ser funcionaria rentada del partido. Su vida quedaba centrada a partir de entonces en las distintas expresiones de su militancia. Enseguida ocupó posiciones relevantes.
Irma intervino en la campaña electoral de ese mismo año. En sus discursos y artículos destacaba que las mujeres que votaban candidaturas peronistas en realidad compartían muchas de las reivindicaciones del PC. Impugnaba sin vueltas la política del gobierno hacia las mujeres, que entendía no satisfacía sus demandas. También atacaba la orientación de la educación, a la que consideraba “crerical fascista”.
En marzo de 1955 integraba el comité central del partido y la comisión nacional femenina del mismo.
Convencional constituyente.
Othar también fue candidata en las elecciones para convencionales constituyentes de 1957, con la llamada “revolución libertadora” en el poder.
La integración en la asamblea tenía un costado controversial. La proscripción del peronismo era una. La participación podía ser interpretada como un reconocimiento en la práctica de la legitimidad de esa prohibición, aunque se la condenara en general.
Otra cuestión era que la asamblea reformadora provenía de la derogación por decreto de la reforma constitucional de 1949 y la posterior convocatoria a la reforma con el congreso clausurado. No se cumplía nada del procedimiento reformador establecido en el propio texto de 1853, de cuyo respeto se alardeaba en comparación con el período peronista.
Los comunistas privilegiaron la posibilidad de participar e ir con sus propuestas a la constituyente.
En las elecciones para convencionales, tuvieron un mejor resultado que los que alcanzaban durante los gobiernos peronistas. Obtuvieron 280.000 votos, equivalentes a 3,49% de sufragios emitidos. Fueron electos para la asamblea constituyente Pedro Tadioli, Irma Othar y Rodolfo Ghioldi. La dirección partidaria interpretó que una porción de obreros peronistas había votado al comunismo.
El partido proscripto había llamado al voto en blanco, que representó cerca de un 25% de los votos.
Irma intervino en la convención, en particular para defender derechos sociales. Incluidos los que atendían los problemas de las mujeres, como la de equiparación salarial con los varones en tareas similares. También propuso la disminución del gasto militar y la imposición de mayores impuestos a las ganancias a empresas y terratenientes.
En muchos pasajes su oratoria fue fogosa y expresiva. Conviene la cita de un pasaje de claro tono feminista, orientado al vínculo entre postergación de las mujeres y dominación capitalista:
“Es cuento viejo eso de que somos el sexo débil, de que somos inferiores.” (…) Lo han inventado los capitalistas para robarnos parte de nuestro salario, para robarnos un pedazo de pan de nuestros hijos, para hacernos servir como competencia de mano de obra barata con nuestros compañeros de trabajo.”
En varios momentos de sus intervenciones confrontó con una convencional católica, Eugenia Silveyra de Oyuela, que representaba a la Unión Cívica Radical del Pueblo. Le endilgaba su visión tradicional del rol femenino, centrado en la vida de hogar y en la crianza de los hijos.
En cuestión de los llamados “derechos civiles” Othar abogó por la reimplantación del divorcio, establecido por el gobierno peronista en 1954 y derogado por la “revolución libertadora”.
A la hora de la discusión de lo que luego sería el artículo 14 bis, se pronunció contra la participación obrera en las ganancias de las empresas. Argumentó que una medida de este tipo “adormecía la conciencia de clase” ya que el objetivo de los obreros no debía ser hacerse capitalistas.
Sostuvo “el porvenir de los trabajadores argentinos es luchar para cambiar esta sociedad.” También cuestionó el recurso a la conciliación y arbitraje en caso de conflicto laboral.
Poco tiempo después de su actuación como convencional fue elegida concejal de Lanús, puesto en el que actuó durante tres años.
Militancia y ruptura.
No hemos encontrado el seguimiento de la trayectoria de Othar después del ejercicio de esos cargos electivos. Lo que está claro es que continuó como dirigente del partido, escribió artículos, libros y folletos, ocupó cargos en organizaciones femeninas.
En 1976 a poco de iniciada la última dictadura la encontramos dando un informe sobre las dificultades para encarar la reorganización partidaria en el clima de represión y terror imperante. A ella le tocaba dar cuenta de la provincia de La Rioja:
“…la situación en la provincia es difícil. […] “Se ha logrado crear un clima de terror; nadie se atiene a reclamar […] La represión se expresa en la detención de más de 200 personas de las cuales 7 son compañeros del Partido; se producen casi a diario operativos rastrillo. […] Esta situación se refleja en el Partido. Los planes que se hicieron en el viaje anterior no se cumplieron. Lamentablemente cuando llegó el golpe del 24 las células no se habían puesto aun en funcionamiento ni se tomó contacto con el interior salvo con la prensa […]
La mirada sobre una historia de vida.
Ya en sus últimos años, Irma hacía la evaluación retrospectiva de su propia trayectoria. Mostraba una alta valoración de su recorrido. No la aludía tanto como logro personal, sino como producto de la militancia y de la persistencia en su identidad de clase:
“¿Se dan cuenta? Yo, que fui del servicio doméstico, cocinera de estancia en el sur de la provincia, de hotel en Necochea y obrera del frigorífico La Negra de Avellaneda, tenía una banca de Diputado nada menos que para reformar la Constitución Nacional”. Y remarcaba “por más que fui diputada y fui concejal, ¡yo sigo siendo obrera!”.
Ella también reconocía que esa declaración de identidad ya tenía algo de metafórica. Que era obrera por sus orígenes pero no por el contenido de su actuación después de 1954. Sobre todo cuando asumió tareas partidarias de tiempo completo. Se autodefinía como “intelectual”.
Esa calificación estaba más que justificada. Fue autora de varios libros, en la línea habitual de los y las dirigentes de la época que publicaban sus escritos. En su caso la producción fue prolífica. Publicó una quincena de volúmenes.
Abordó allí tanto algunos temas teóricos como cuestiones relacionadas con su vida militante.
Vale la pena la mención de algunos. Su autobiografía se tituló Una historia de vida en la lucha de clases. Escribió asimismo acerca de una obra liminar de Marx y Engels, relacionándola con su propia experiencia. Manifiesto Comunista visto 160 años después por una obrera de la gran industria. ¡También Fuente de energía! Introducción a las luchas sociales y políticas. Además, fue autora de una biografía del líder comunista Victorio Codovilla, entre otras obras.
Esos escritos fueron elaborados sobre todo en las últimas décadas de su vida, a partir de 1990. No sabemos la fecha exacta de su muerte, hemos encontrado en un periódico local de Lanús una nota necrológica que data de los primeros días de enero de 2015.
Es importante resaltar que Irma, como las más conocidas Fanny Edelman y la ya mencionada Alcira de la Peña, formó parte en la época de un conjunto de mujeres que ocuparon lugares de relieve en la acción y las estructuras del comunismo. Su caso no fue entonces aislado. Sí tuvo la particularidad de su iniciación en situación de pobreza y su prolongada permanencia como obrera industrial.
Siempre lo reivindicó como su punto de partida y la razón impulsora de su militancia.
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